"Canción de jinete" (En la luna negra...)

Canciones (1924)




En la luna negra 
de los bandoleros, 
cantan las espuelas. 

Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 

...Las duras espuelas 
del bandido inmóvil 
que perdió las riendas. 

Caballito frío. 
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 

En la luna negra, 
sangraba el costado 
de Sierra Morena. 

Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 

La noche espolea 
sus negros ijares 
clavándose estrellas. 

Caballito frío. 
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 

En la luna negra, 
¡un grito! y el cuerno 
largo de la hoguera. 

Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

"Canción de Jinete" (Córdoba lejana y sola...)

Canciones (1924)


Córdoba. 
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande, 
y aceitunas en mi alforja. 
Aunque sepa los caminos 
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento, 
jaca negra, luna roja. 
La muerte me está mirando 
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo! 
¡Ay mi jaca valerosa! 
¡Ay que la muerte me espera, 
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba. 
Lejana y sola.

"Antonio Machado sube al altar"

20/Febrero/2011


El poeta español recibe miles de cartas en el buzón instalado junto a su tumba en Collioure - Sus admiradores le piden perdón y favores como a un santo laico.
El poeta que nunca persiguió la gloria está en un altar. Antonio Machado (Sevilla, 1875) cruzó a pie, empapado de lluvia y congoja, el último trecho de la frontera francesa el 27 de enero de 1939. Atrás dejaba una guerra perdida. Por delante, no veía nada: sobrevivió 26 días. En la pensión Quintana de Collioure hizo varias cosas por última vez: pasear hasta el mar, corregir un poema, escribir un nuevo verso ("Estos días azules y este sol de la infancia") y anotar en inglés el comienzo del monólogo de Hamlet ("To be or not to be") sobre un papel arrugado que su hermano José encontró en el bolsillo del gabán varios días después. El escritor Jean Cassou, en nombre de un grupo de artistas franceses, propuso que sus cenizas se trasladasen a París, pero José Machado declinó la oferta. "Preferimos que durmiese el último sueño en el sencillo pueblo de pescadores de Collioure. Y en él esperará hasta que la bárbara guerra termine con el triunfo de la libertad y pueda ser trasladado, con la madre, y ya para siempre, a Madrid, la heroica ciudad cantada por él", escribió a su llegada a Chile, en 1940, en Últimas soledades del poeta Antonio Machado.

La muerte de Max Estrella y el nacimiento del Esperpento

Luces de Bohemia (1924)


Rinconada en costanilla y una iglesia barroca por fondo. Sobre las campanas negras, la luna clara. DON LATINO y MAX ESTRELLA filosofan sentados en el quicio de una puerta. A lo largo de su coloquio, se torna lívido el cielo. En el alero de la iglesia pían algunos pájaros. Remotos albores de amanecida. Ya se han ido los serenos, pero aún están las puertas cerradas. Despiertan las porteras.

MAX: ¿Debe estar amaneciendo?
DON LATINO: Así es.
MAX: ¡Y que frío!
DON LATINO: Vamos a dar unos pasos.
MAX: Ayúdame, que no puedo levantarme. ¡Estoy aterido!
DON LATINO: ¡Mira que haber empeñado la capa!
MAX: Préstame tu carrik, Latino.
DON LATINO: ¡Max, eres fantástico!
MAX: Ayúdame a ponerme en pie.
DON LATINO: ¡Arriba, carcunda!
MAX: ¡No me tengo!
DON LATINO: ¡Qué tuno eres!

La sala de disección

(1872-1956)
El árbol de la ciencia
Cap.VI


El curso siguiente, de menos asignaturas, era algo más fácil, no había tantas cosas que retener en la cabeza.
A pesar de esto, sólo la Anatomía bastaba para poner a prueba la memoria mejor organizada.
Unos meses después del principio de curso, en el tiempo frío, se comenzaba la clase de disección. Los cincuenta o sesenta alumnos se repartían en diez o doce mesas y se agrupaban de cinco en cinco en cada una.

El personaje frente a su autor

(1864-1936)
Niebla, cap.XXXI


Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse. Quería acabar consigo mismo, que era la fuente de sus desdichas propias. Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a una débil tabla, se le ocurrió consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. Por entonces había leído Augusto un ensayo mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y tal impresión pareció hacerle, así como otras cosas que de mí había leído, que no quiso dejar este mundo sin haberme conocido y platicado un rato conmigo. Emprendió, pues, un viaje, acá, a Salamanca, donde hace más de veinte años vivo, para visitarme.

Nivola

(1864-1936)
Niebla, cap.XVII

         
         - Pero ¿te has metido a escribir una novela?
         - ¿Y qué querías que hiciese?
         - ¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
        - Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
          - ¿Y cómo es eso?
        - Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.

"Fue Satanás"

Sonata de primavera (1904)


       Qué triste es para mí el recuerdo de aquel día. María Rosario estaba en el fondo de un salón llenando de rosas los floreros de la capilla. Cuando yo entré, quedóse un momento indecisa: Sus ojos miraron medrosos hacia la puerta, y luego se volvieron a mí con un ruego tímido y ardiente. Llenaba en aquel momento el último florero, y sobre sus manos deshojóse una rosa. Yo entonces le dije, sonriendo:
         -¡Hasta las rosas se mueren por besar vuestras manos!
         Ella, también sonrió contemplando las hojas que había entre sus dedos, y después con leve soplo las hizo volar. Quedamos silenciosos: Era la caída de la tarde y el sol doraba una ventana con sus últimos reflejos: Los cipreses del jardín levantaban sus cimas pensativas en el azul del crepúsculo al pie de la vidriera iluminada. Dentro, apenas si se distinguía la forma de las Cosas, y en el recogimiento del salón las rosas esparcían un perfume tenue y las palabras morían lentamente igual que la tarde. Mis ojos buscaban los ojos de María Rosario con el empeño de aprisionarlos en la sombra. Ella suspiró angustiada como si el aire le faltase, y apartándose el cabello de la frente con ambas manos, huyó hacia la ventana. Yo, temeroso de asustarla, no intenté seguirla y sólo le dije después de un largo silencio:

"Proverbios y cantares-II" (Fragmentos)

(Finales del XIX- Principios del XX)
Nuevas Canciones (1917-1930)



I
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas; 
es ojo porque te ve

II
Para dialogar, 
preguntad, primero; 
después... escuchad. 

IV
Mas busca en tu espejo al otro, 
al otro que va contigo. 

V
Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa. 
Adivínala. 

VIII
Hoy es siempre todavía. 

"Aquella tarde al decirle..."

(1881-1958)



Aquella tarde, al decirle
yo que me iba del pueblo,
me miró triste -¡qué dulce!-,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: Adonde el cielo
esté más alto, y no brillen
sobre mí tantos luceros.

Hundió su mirada negra
allá en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.

"Adolescencia"

(1881-1958)


En el balcón, un instante 
nos quedamos los dos solos. 

Desde la dulce mañana 
de aquel día, éramos novios. 

—El paisaje soñoliento 
dormía sus vagos tonos, 
bajo el cielo gris y rosa 
del crepúsculo de otoño.— 

Le dije que iba a besarla; 
bajó, serena, los ojos 
y me ofreció sus mejillas, 
como quien pierde un tesoro. 

—Caían las hojas muertas, 
en el jardín silencioso, 
y en el aire erraba aún 
un perfume de heliotropos.— 

No se atrevía a mirarme; 
le dije que éramos novios, 
...y las lágrimas rodaron 
de sus ojos melancólicos.

"Yo no soy yo"


(1881-1958)
Eternidades (1918)


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

"¡Intelijencia, dame..."



(1881-1958)
Eternidades (1918)


¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!

… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente. 
Que por mí vayan todos 
los que no las conocen, a las cosas; 
que por mí vayan todos 
los que ya las olvidan, a las cosas; 
que por mí vayan todos 
los mismos que las aman, a las cosas… 

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

"Le taparía el tiempo..."


(1881-1958)
Diario de un poeta recién casado (1916)

Le taparía el tiempo
con rosas, porque no
recordara.
Una rosa distinta,
de una imprevista majia,
sobre cada hora solitaria de oro
o sombra,
hueco propicio a las memorias trájicas.
Que como entre divinas
y alegres
enredaderas rosas, granas, blancas,
que no dejaran sitio a lo pasado,
se le enredara,
con el cuerpo,
el alma.

"Yo no volveré..."


(1881-1958)

Arias tristes (1903)


Yo no volveré. Y la noche
tibia, serena y callada,
dormirá el mundo, a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo no estará allí,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien me aguarde
de mi doble ausencia larga,
o quien bese mi recuerdo
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y esperanzas,
y amor en las avenidas,
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida
y no tendrá quien lo escuche,
pensativo, en mi ventana.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...