"Fue Satanás"

Sonata de primavera (1904)


       Qué triste es para mí el recuerdo de aquel día. María Rosario estaba en el fondo de un salón llenando de rosas los floreros de la capilla. Cuando yo entré, quedóse un momento indecisa: Sus ojos miraron medrosos hacia la puerta, y luego se volvieron a mí con un ruego tímido y ardiente. Llenaba en aquel momento el último florero, y sobre sus manos deshojóse una rosa. Yo entonces le dije, sonriendo:
         -¡Hasta las rosas se mueren por besar vuestras manos!
         Ella, también sonrió contemplando las hojas que había entre sus dedos, y después con leve soplo las hizo volar. Quedamos silenciosos: Era la caída de la tarde y el sol doraba una ventana con sus últimos reflejos: Los cipreses del jardín levantaban sus cimas pensativas en el azul del crepúsculo al pie de la vidriera iluminada. Dentro, apenas si se distinguía la forma de las Cosas, y en el recogimiento del salón las rosas esparcían un perfume tenue y las palabras morían lentamente igual que la tarde. Mis ojos buscaban los ojos de María Rosario con el empeño de aprisionarlos en la sombra. Ella suspiró angustiada como si el aire le faltase, y apartándose el cabello de la frente con ambas manos, huyó hacia la ventana. Yo, temeroso de asustarla, no intenté seguirla y sólo le dije después de un largo silencio:

"Proverbios y cantares-II" (Fragmentos)

(Finales del XIX- Principios del XX)
Nuevas Canciones (1917-1930)



I
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas; 
es ojo porque te ve

II
Para dialogar, 
preguntad, primero; 
después... escuchad. 

IV
Mas busca en tu espejo al otro, 
al otro que va contigo. 

V
Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa. 
Adivínala. 

VIII
Hoy es siempre todavía. 

"Aquella tarde al decirle..."

(1881-1958)



Aquella tarde, al decirle
yo que me iba del pueblo,
me miró triste -¡qué dulce!-,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: Adonde el cielo
esté más alto, y no brillen
sobre mí tantos luceros.

Hundió su mirada negra
allá en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.

"Adolescencia"

(1881-1958)


En el balcón, un instante 
nos quedamos los dos solos. 

Desde la dulce mañana 
de aquel día, éramos novios. 

—El paisaje soñoliento 
dormía sus vagos tonos, 
bajo el cielo gris y rosa 
del crepúsculo de otoño.— 

Le dije que iba a besarla; 
bajó, serena, los ojos 
y me ofreció sus mejillas, 
como quien pierde un tesoro. 

—Caían las hojas muertas, 
en el jardín silencioso, 
y en el aire erraba aún 
un perfume de heliotropos.— 

No se atrevía a mirarme; 
le dije que éramos novios, 
...y las lágrimas rodaron 
de sus ojos melancólicos.

"Yo no soy yo"


(1881-1958)
Eternidades (1918)


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

"¡Intelijencia, dame..."



(1881-1958)
Eternidades (1918)


¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!

… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente. 
Que por mí vayan todos 
los que no las conocen, a las cosas; 
que por mí vayan todos 
los que ya las olvidan, a las cosas; 
que por mí vayan todos 
los mismos que las aman, a las cosas… 

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

"Le taparía el tiempo..."


(1881-1958)
Diario de un poeta recién casado (1916)

Le taparía el tiempo
con rosas, porque no
recordara.
Una rosa distinta,
de una imprevista majia,
sobre cada hora solitaria de oro
o sombra,
hueco propicio a las memorias trájicas.
Que como entre divinas
y alegres
enredaderas rosas, granas, blancas,
que no dejaran sitio a lo pasado,
se le enredara,
con el cuerpo,
el alma.

"Yo no volveré..."


(1881-1958)

Arias tristes (1903)


Yo no volveré. Y la noche
tibia, serena y callada,
dormirá el mundo, a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo no estará allí,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien me aguarde
de mi doble ausencia larga,
o quien bese mi recuerdo
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y esperanzas,
y amor en las avenidas,
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida
y no tendrá quien lo escuche,
pensativo, en mi ventana.

"El viaje definitivo"

(1881-1958)

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando

"Te conocí, porque al mirar la huella..."


(1881-1958)


Te conocí, porque al mirar la huella
de tu pie en el sendero,
me dolió el corazón que me pisaste.

Corrí loco; busqué por todo el día;
como un perro sin amo.

... ¡Te habías ido ya! Y tu pie pisaba
mi corazón, en un huir sin término,
cual si él fuera el camino


que te llevaba para siempre...

"Para quererte al destino..."

(1881-1958)


Para quererte, al destino
le he puesto mi corazón.
¡Ya no podrás libertarte
-¡ya no podré libertarme!-
de lo fatal de este amor!

No lo pienso, no lo sientes;
yo y tú somos ya tú y yo,
como el mar y como el cielo
cielo y mar, sin querer, son.

"La cojita"

(1881-1958)
Eternidades (1918)


La niña sonríe: ¡Espera,
voy a cojer la muleta!
Sol y rosas. La arboleda ..
movida y fresca, dardea
limpias luces verdes. Gresca
de pájaros, brisas nuevas.
La niña sonríe: ¡Espera,
voy a coger la muleta!
Un cielo de ensueño y seda,
hasta el corazón se entra.
Los niños, de blanco, juegan,
chillan, sudan, llegan:
... nenaaa!
La niña sonríe: ¡Espeeera,
voy a coger la muleta!

Saltan sus ojos. Le cuelga
girando, falsa, la pierna.
Le duele el hombro. Jadea
contra los chopos. Se sienta.
Ríe y llora y ríe: ¡Espera,
voy a coger la muleta!

¡Mas los pájaros no esperan;
los niños no esperan! Yerra
la primavera. Es la fiesta
del que corre y del que vuela...
La niña sonríe: Espera,
voy a coger la muleta!

"Yo dije que me gustaba..."

(1881-1958)
Arias tristes (1903)

Yo dije que me gustaba
-ella me estuvo escuchando-
que, en primavera, el amor
fuera vestido de blanco.

Alzó sus ojos azules
y se me quedó mirando,
con una triste sonrisa
en sus virjinales labios.

Siempre que crucé su calle,
al ponerse el sol de mayo
estaba seria, en su puerta,
toda vestida de blanco.

"Río de cristal dormido..."

(1881-1958)
Arias tristes (1903)


Río de cristal dormido 
y encantado; dulce valle,  
dulces riberas de álamos  
blancos y de verdes sauces…  

El valle tiene un ensueño  
y un corazón sueña y sabe  
dar con su sueño un son triste  
de flautas y de cantares. 
Río encantado; las ramas  
soñolientas de los sauces,  
en los remansos dormidos  
besan los claros cristales.  

Y el cielo es plácido y dulce,  
un cielo bajo y flotante  
que con su bruma de plata  
va acariciando los árboles.  

Mi corazón ha soñado  
con la ribera y el valle,  
y ha llegado hasta la orilla  
dormida para embarcarse; 
pero al pasar por la senda,  
lloró de amor, con un aire  
viejo, que estaba cantando  
no sé quién por otro valle. 

"Tarde de trópico"

(Finales del XIX-Principios del XX)


Es la tarde gris y triste. 
Viste el mar de terciopelo 
y el cielo profundo viste 
de duelo. 

Del abismo se levanta 
la queja amarga y sonora 
La onda, cuando el viento canta, 
llora, 

Los violines de la bruma 
saludan al sol que muere. 
Salmodia la blanca espuma: 
¡Miserere! 

La armonía el cielo inunda, 
y la brisa va a llevar 
la canción triste y profunda 
del mar. 

Del clarín del horizonte 
brota sinfonía rara, 
como si la voz del monte 
vibrara. 

Cual si fuese lo invisible... 
cual si fuese el rudo són 
que diese al viento un terrible 
león.
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