El pedante

Toda esa gente insoportable (2003)


“Si no puedo presumir de saber algo, presumo de no saberlo. 
El caso es presumir».
R. W. EMERSON

La abundancia de elevados conocimientos que da la impresión de poseer el pedante impide que cualquier conversación siga su curso normal. Él la desvía siempre hacia lo divino y lo humano hasta quedarse solo. A esta engreída e insoportable criatura no sólo le gusta dominar el diálogo, sino impresionar a la audiencia con su erudición. Con su pseudoacadémica actitud, trata de conseguir que las personas que lo rodean se sientan estúpidas, incultas y, por supuesto, inferiores a él. Pero, lamentablemente, el pedante logra mucho más que eso: provoca, además, dolores de cabeza, hastío, rechazo social y un aburrimiento hasta la náusea. Por tanto, resulta difícil relacionarse con él. El pedante es pretencioso, ególatra, sentencioso, arrogante y vano. Su engreimiento está basado en hacer un permanente alarde de erudición que casi nunca posee. ¡Tiene la cultura adherida al cerebro con un clip!


¿Cómo actúa el pedante? Conviene extenderse en este aspecto para que usted conozca los máximos detalles y evitar así que le atrape en sus redes. Ante todo, el pedante elige muy bien las palabras. Considera importante hablar de acuerdo con los preceptos gramaticales más ortodoxos. Aunque, paradójicamente, le guste abusar de innecesarios neologismos, tecnicismos y palabras poco comunes. Pero lo que más destaca de este busto parlante es su tendencia a incorporar conceptos psicoanalíticos, semióticos y filosóficos a cualquier tema de conversación. El lenguaje ininteligible y críptico que usa el pedante es como los rizos de celofán y el lazo de cinta azul con que se envuelven las cestas de Navidad. ¡Despojadas de su estética envoltura se quedan en nada! Su forma de expresarse es, pues, excesivamente retórica. Pero él siente una hemorragia de placer cada vez que abre la boca.

         El pedante no dice palabras vulgares como:                           Él dice:
BUENO                                                                       Enteramente positivo
MALO                                                                         Enteramente negativo
RARO                                                                     Absolutamente impropio
FALTA GRAVE                                                             Lastimoso error
AGUA                                                                                    H2O

Asimismo, compone frases de apariencia intelectualoide como: “La información es la magnitud fundamental de la vida humana” Estas frases pueden no tener relación alguna con el tema que se está tratando, pero el pedante tiene la suficiente habilidad para insertarlas «adecuadamente».  Su lectura preferida (y secreta) es de libros del estilo del siguiente: “Pensando con los pies”, de M. K. Woodall(Cómo responder preguntas brillantemente tanto si usted conoce o no la respuesta) ¡Descubra un tesoro de estrategias para dar lustre a sus intervenciones!

Su orgiástica retórica está orientada a deslumbrar a sus contertulios y demostrarles que el único erudito en muchos kilómetros a la redonda es él. Se escucha a sí mismo. Su propio sonido le gusta más que la música de Bach. Si el pedante es profesional liberal, nunca se apea de su jerga especializada. Su  incomprensible terminología lleva, al menos, un mensaje comprensible a su sufrida audiencia: «¡Entérate bien de quién soy y de lo que valgo». Porque una de las primeras premisas de la actuación del pedante es que los demás se enteren cuanto antes «con quién están hablando». En este sentido, el pedante es ese tipo que le cuenta a su psicoanalista que odia ir a la playa: «En bañador, ¿¡cómo sabe la gente que soy abogado!?».Asimismo, en sus conversaciones, el pedante refuerza sus comentarios asociándolos a personas prominentes o de alto rango social. Deja caer sus nombres a fin de sentirse relevante. El pedante no se trata con pequeñeces, ¡salvo cuando descubre un mosquito en su habitación! Su biografía está llena de datos (a menudo falsos o robados de la biografía de un amigo) que le confieren un cierto carisma ante  los demás: Ha realizado seminarios de pscoanálisis. Vivió el mayo del 68 en París. Ha hecho teatro independiente. Lee a Wodehouse. Es amigo de alguna celebridad.

          Otra forma de impresionar a sus víctimas es hablar poco, con aplomo, y esporádicamente. Sentenciando cada vez que lo hace. Con frases cortas o monosílabos estratégicos. A veces, ni siquiera participa en el diálogo. Mirando de forma reflexiva y profunda a los demás, le basta ese gesto para situarse por encima de todos. No desciende a intervenir cuando los diálogos no están a la altura de su cátedra. En este caso, ni siquiera mira al interviniente. Hace que piensa o se distrae restando importancia a lo que los demás dicen. Y no se va con la música a otra parte, porque quiere demostrar que él es un tipo educado. Lo principal para el pedante es, como para el torero, mantener la pose. Después de todo, lo verdaderamente importante no es saber, sino aparentar que se sabe. Su obsesión es dar siempre la imagen de una persona cultivada. ¡Sólo le falta que le salga el perejil por las orejas!

El pedante es un oportunista de la información. Antes de emprender un viaje a un país extranjero, por ejemplo, se empapa de datos históricos, sociales, culturales y populares muy precisos acerca del lugar de destino. No para ampliar su saber, sino para presumir ante el grupo de acompañantes de sus vastos conocimientos. Este truco le sirve, además, para poner en aprietos al guía turístico con preguntas comprometidas que el propio pedante se encarga de responder hábilmente cuando aquél confiesa su limitación cultural. Esta táctica la extiende a cualquier otra materia (el pedante es primo hermano del sabelotodo). Para hablar con erudición de cualquier tema no devora ningún diccionario ni textos especializados. Le basta hojearlos y utilizar algunos nombres y conceptos de cada especialidad, que caen fuera del vocabulario del hombre de la calle. 

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